domingo, 3 de junio de 2012
CEREZAS
Llegarona las cerezas, el cerezo ha aguantado con serenidad el paso del invieno, pacientemente ha descubierto después de la floración todo su poder de creación exterorizando hojas y frutos y ahora aguanta estoico el peso atroz de las hojas tupidamente dispuestas en todas sus ramas y miles de cerezas. Pequeñas bolitas impercebtiles e invisibles se han convertido en lozanas y preciados frutos y su color rojo, brillante y terso, se muestra sin rubor, preñando toda la copa del arbol sin restricciones. Decenas de pájaros vuelan insistentemente al acecho y como gourmets expertos, dejan huella en las piezas más sabrosas, maduras y cargadas de sol. Prueban en algunas ocasiones o degullen la carne sabrosa dejando un triste hueso colgando al vaivén del viento. Empieza la carrera de las estrategias, ¿quien ganará?¿el astuto pájaro o mis ganas de saborear cerezas...? Al atardecer me acerco con B a recoger frutos maduros y muy coloreados, me sigue, en sus pasos ya afianzados, abriendo las piernas y verbalizando una cadena indiscutiblemente idiomática de palabras y vocablos llenos de intenciones y con falso significado. Sus ojos, con enorme curiosidad, rastrean cada rincón que nos separa, me agacho y le ofrezco mis brazos abiertos para poder subirla y vea el mundo desde arriba. La aúpo hasta las ramas bajas para que contemple las cerezas espléndidas y tersas. Fascinada contempla sus manos suavemente recorriendo los racimos rojos y me mira buscando una explicación. Arranco unas cuantas a la voracidad de lo pájaros y las introduzco en el pequeño cesto de mimbre que B ha traido consigo.La dejo en el suelo y continúamos el paseo, ella erguida camina a mi lado con sus zapatos rojos como las cerezas,ágil , con ese perenne aire de alegría y felicidad que no la abandona nunca, fundida entre el verde de la hierba y mecida por la brisa de la casi noche.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)