domingo, 5 de agosto de 2012
FUEGO
El calor extremo trae cenizas de bosques lejanos , que se vuelven tristemente cercanos, ardiendo desproporcionadamente arrasando la vida verde, árboles, pájaros y mamíferos y deja sólo cenizas y carbón. El fuego no quiere límites ni formas, hace crujir hasta reventar árboles centenarios, silencia el latir del bosque y sucumbe solo cuando no queda nada, o cuando el agua lo apacigua y el viento amaina. Pobres hombres a la merced de la fuerza inmensa del fuego!desesperados y enpequeñecidos, agotan todas sus fuerzas contra al abrasador enemigo, mientras, los demás miramos como lentamente las cenizas caen como copos de nieves tristes en nuestros bosques aún vivos y latentes de bullicio.
Que distintos silencios! Aquí es un silencio armónico, adormecido por el vaivén de la brisa, recortado por los gritos de las aves y el paso presuroso de los jabalíes. En orden, se recrea en los sentidos y en una paz armónica y duradera. El de allí es un silencio seco y desolador, hundido en la nada, falto de agua, inerte, recreado en el calor de la temeratura extrema , hiriendo por su similitud al abismo, a la nada inexplorada. Sólo queda esperar el resurgir, la renovación lenta y pausada, imposible de reconocerla ahora.
B sigue en su festival de agua, sin ningún miedo afronta las aguas dulces y saladas, quietas o en movimiento con absoluta valentía. Observadora de los mínimos detalles, contempla el chapoteo de sus pies, el color de las gotas que resbalan por sus manos inquietas, la arena mojada por las olas y sus huellas perecederas en la orilla del mar. Se ríe y nos mira correteando con seguridad por la hierba reseca del prado, sabe que la seguiremos en la inspección detallada de todo el terreno. Caen cenizas frias y ligeras que se vuelven invisibles al tacto y ya casi son inapreciables.
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