jueves, 8 de diciembre de 2011

CERCA DEL CIELO

Cayeron todas la hojas, en realidad no ha sido una caída completa , algunas se resisten a perder el testimonio de su paso por los buenos meses de calor, desisten de perder su atadura a las ramas que durante días y noches las sostuvieron en su frescura y su sonido tibio en el verde a tono con el cielo claro y abierto. Pequeños insectos presurosos recorríeron su fina carne húmeda y caliente por el sol, los nervios tersos, finos com hilos de coser o gruesos como lana cardada, aseguraron el imparable vaivén con la brisa o con el viento y sostuvieron las hojas en el árbol, que ahora, como si estuviera agotado y sin nervio, aparentemente seco y quieto,las dejaba caer a puñados, en silencio y sin retorno. El crujir de la hojarasca se acumula en los oídos durante todo el paseo, encadena el sonido hasta convertirlo en una canción que acompasa la tarde y deja que las hojas, ya secas y marrones, se rompan inertes bajo el ritmo del paso, sin otra intención que la de recordar lo que fueron , de contarnos que su humedad es prestada y su color se acerca más a la tierra que al cielo.B se recoge en los brazos de H, gira la cabeza y observa todo, en todas las direcciones y planos, sonríe abiertamente y suelta un grito amable con el que ha reducido todo su vocabulario. Acumula, en una parte secreta de si misma, todas las palabras que un día dejará que se abran, que se expandan en toda su longitud y entonces serán extensas, dulces y rítmicas y junto a las nuestras, las que ahora sólo oye, tejerá su preciosa existencia en armonía con el mundo, este mundo que ahora le habla y que no espera respuesta.B tan cerca del cielo y de la suave brisa nos muestra sus dos dientes primorosamente blancos que despuntan en su boca y es feliz, nadie duda de ello.

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